martes 4 de octubre de 2011

Mi Dani


Me voy dando cuenta de que la vida está llena de retos, es algo casi constante. Cada viernes me tomo unos minutos para hacer un resumen de lo que ha ocurrido en la semana, en ocasiones comparo con lo que esperaba, y la mayor parte de las veces no tienen nada que ver.

Cuando Esther me dijo que esperaban el segundo bebé (bueno, en realidad me lo dijo mi madre), justo después de la alegría me llegó el miedo ¿Podría quererlo como a Irene o aunque fuera la mitad? Cuando veía las ecografías no podía evitar comparar, era como si no consiguiera darle su propio protagonismo. Y el día que nació encima me pilló de vacaciones y no podría conocerle hasta el día siguiente… más nervios.

Pero cuando entré en la habitación de la clínica y vi los mofletes rosados, esa carita tan tranquilla y su voz de gatito perdido, pareció como si de repente se abriera otro manantial de cariño, uno sólo para él, y descubrí que también le quería como a nadie en el mundo.

Ya no tengo miedo, disfruto todo lo que puedo de Irene y achucharé a Dani mientras esté indefenso. Me encanta ver cómo crecen y cómo me sorprenden cada vez que los visito. No hay nada comparable.


Nosotros versus el resto


Ayer estaba viendo un vídeo en el que un orangután mojaba en el agua una toalla, la escurría y se refrescaba después con ella la cara y los brazos. Era hipnótico, no podía dejar de asombrarme de lo parecidos que eran sus gestos a los nuestros. De ahí pasé a otro en el que otro orangután buscó la manera de salvar un pajarillo que había caído del nido al agua; y luego otro en el que un gato le daba un masaje cardiaco a su compañero hasta salvarle la vida, y el del perro que arrastra fuera de la carretera a su compañero atropellado.

Estaba viendo comportamientos de inteligencia y ternuras inigualables en animales que se suponen que ni piensan ni sienten como nosotros. Y eso ¿quién lo dice? Supongo que los mismos que nos hemos pasado la vida rectificando verdades absolutas acerca de todo.

Y de repente me sentí muy mal. El orangután de la toalla y el del pajarillo estaban en un zoo, encerrados de por vida en una cárcel de imitaciones, con rocas de mentira, agua que no es un río, troncos que no son de árboles vivos. ¿Por qué? ¿Por qué nos creemos con derecho a decidir acerca de la vida y la libertad de otros seres? Habrá quien me diga que esa es la única forma de ver de cerca determinados animales. Pero hay muchas otras cosas que tampoco tenemos cerca: Nunca he visto de cerca a un Premio Nobel, a un actor de Hollywood o al constructor del colisionador de hadrones ¿Qué, los metemos en una jaula con horario de visitas?

Creo que ha llegado el momento. Ahora tenemos más información, más deprisa, más actualizada, ya no vale el “no sabía nada”, podemos saber cuanto queramos y más. Todo está a un clic. Ya no se trata de luchar contra el Toro de la Vega, contra la Cabra del Campanario, se trata de respeto y de humildad: Podemos comer carne, pero debemos darle a esos animales una vida y muerte dignas, y si eso nos lleva a tener que comer menos cantidad de carne… pues se come menos cantidad; podemos comer pescado, pero debemos respetar su ciclo de vida y no esquilmar las especies; podemos comer verduras y frutas, pero debemos hacerlo en su fecha y respetando su naturaleza sin llenarlos de mierda para crezcan más y fuera de su época. Y como esos, mil ejemplos de inconsciencia y suicidio colectivo.

Ahí fuera en el espacio la desolación es absoluta, hace mucho frío, no hay aire ni alimento, no hay sonidos, no hay protección contra la radiación. Todo eso lo tenemos aquí, en la Tierra, nos lo proporcionan las plantas y los animales en esa preciosa sinfonía de la vida tan bien ajustada, y creo que deberíamos ser agradecidos y respetuosos. No, el planeta no está a nuestro servicio, ni el espacio está vacío para que lo llenemos de chatarra. Ahora mismo somos la nota disonante de la partitura, así que reorganicemos nuestra actitud y comportémonos como esa pequeñísima parte de un todo gigantesco e incomprensible, pero hermoso.

Os dejo un enlace que ya conocéis y que explica mucho mejor la idea:

http://www.youtube.com/watch?v=a_urxI9L5Ak&list=FLuKbMyEr5Aq_3E7D8wKa1JQ&index=37

martes 21 de junio de 2011

De derechas


Qué complicado es hoy en día saber si eres de izquierdas o de derechas, porque claro, cuando yo me lancé hacia uno de los lados aún eran diferentes, coherentes con su condición, consecuentes. Supongo que con el tiempo los partidos se debieron dar cuenta de que todas esas mandangas de coherencia y consecuencia salían poco rentables, decidieron soltar lastre y tiraron por ahí lo que les pesaba: Los principios. Si hacemos un ejercicio de objetividad podremos ver cómo todos ellos han ido arrimándose al sol que mas calienta y tomando políticas de izquierdas o de derechas no según sus ideales, sino según los mandatos del voto, y así hemos llegado a este punto en que lo mismo uno de izquierdas te jode la pensión como uno de derechas mejora tus condiciones laborales.



Pero lo más triste no es eso. Lo verdaderamente lamentable es que mientras los partiduchos que ahora nos representan han ido diluyendo sus principios hasta adaptarlos a “lo que se lleva”, la gente ha ido extremando las diferencias, hasta pasarse de rosca. Somos tan zoquetes e incultos que llamamos fascistas a los de derechas, como si fueran sinónimos, y que los de izquierdas, liberales, avanzados, el futuro del mundo, insultan a alguien por ser de derechas.


Yo siempre me he considerado de izquierdas, pero de la de hace 100 años, nada que ver con la pandilla de zotes metepatas que pueblan los medios. El progresismo de izquierdas tiene un fundamento en su base: El respeto ¿Qué teméis de los de derechas? ¿Qué sean intransigentes, dictatoriales, abusones? Y ahora decidme, ¿Cómo llamaríais a alguien que insulta a una artista por reconocerse de derechas? ¿Cómo vais a llamar a los que quieren tapar todas las bocas que no son de izquierdas? ¿Y los que llaman fascista a cualquiera que no piensa como ellos?


A mí me faltan las palabras, reconozco que la rabia me limita el vocabulario porque estos personajillos están haciéndole un flaco favor a la verdadera izquierda. No son nada, no saben nada, y si no respetan a los demás, para mí no valen nada.


Un ejercicio para los cortos de miras, estudiad la verdadera dimensión de las palabras más hermosas: igualdad, democracia, pluralidad, respeto. Y hasta que no sepáis lo que significan quizá deberíais estar calladitos, que sube el pan.

viernes 27 de mayo de 2011

P.I.I.G.S.



Recuerdo la sensación que tuve cuando me enteré de que éste acrónimo era con lo que en los medios financieros se refieren a un grupo de países, el mío entre ellos. Me pareció de tan mal gusto, tan cruel y desconsiderado que estuve planteándome seriamente que tenía que ser una casualidad desafortunada, nadie podía ser tan despreciable como para usar este término públicamente y sin ningún rubor. Pero era verdad, nos llamaban cerdos a la cara sin ningún problema, seguros de que no teníamos armas para contraatacar o protestar por tal desconsideración. Y me lo apunté mentalmente.

Al cabo de los meses llega el vídeo ese tan graciosito del sueco que mofa de la productividad española.


Qué rabia me dio, encima de que no podemos hacer el trabajo y marcharnos, que a la mayoría de jefes les gusta verte ahí; encima de que tenemos a las abuelas de nanis porque por cojones hay que hacer jornadas infinitas con dos horas para comer; encima de que no te puedes permitir vida social, va el sueco y sin más nos pone de perros. Y es que manda huevos porque precisamente con la tasa de suicidio que hay en su país, dirán que son más productivos pero algo huele a muerto por dentro ¿no? Pero me lo apunté mentalmente.

Más cosas que me apunto: La cara de suficiencia de Merkel, el despotismo de Sarkozy, las manifestaciones en marzo de nuestros vecinos portugueses, los islandeses le dan capones a su gobierno, nuestro gobierno se arruga ante el presidente norteamericano…

Haciendo recuento de los pocos conocimientos básicos que recuerdo acerca del nacimiento de nuestra cultura y de las raíces de la mayoría de las lenguas de nuestro continente, creo que es aproximadamente en esa zona que ocupamos los P.I.I.G.S. donde empezó todo, y ahora somos el hazmerreir de Europa, de esa Europa que tanto le debe al Mediterráneo. Y la verdad es que no me molesta tanto el acrónimo como la falta de respeto que supone, la actitud negativa que conlleva hacia tantos millones de personas que poblamos esos países apestados. ¿Unión Europea? Pero si están creando pandillas hombre, menudos sinvergüenzas maleducados.

Y ahora que veo el movimiento 15M, que la gente tiene ganas de cambio, quizá sea el momento de pensar hacia dónde queremos cambiar.

Es obvio que intentar ser como Alemania o Reino Unido no podemos, es más, ¿por qué tenemos que intentar ser como ellos? ¿Por qué lo que es bueno para ellos ha de serlo para nosotros? Es que hasta nos critican porque no hablamos bien inglés, ¿Y qué otra cosa hablan los ingleses aparte de su idioma?  ¿Y los franceses? No he oído comentario alguno al respecto.

A lo que quiero llegar es que cada una de esas naciones tan fuertes económicamente lo son porque han sabido encontrar su sistema para el éxito, basado en cómo funcionan ellos, sus pueblos y sus mentes. Creo que nosotros debemos buscar nuestra identidad, el modelo económico que funciona aquí, en Grecia el que funcione allí, etc., y hacerlo valer. La productividad es algo relativo, y tenemos que encontrar nuestro propio equilibrio. Ya sé que está inventado todo en economía… hasta que se invente lo siguiente, como todo, pero lo que es absurdo es que intentemos tener la economía de Alemania. No estamos en Alemania. Intenta basar su economía en los ingresos por turismo a ver qué tal les va.

Deberíamos olvidar nuestros complejos y recordar que si nuestros pueblos alguna vez fueron imperios, no será porque somos todos idiotas, pese a que se esté trabajando duro por ahí fuera para hacérnoslo creer.

Volvamos a tener fe en nosotros mismos, volvamos a seguir nuestro camino y no el de otros, respetémonos para que nos respeten, porque jamás tendremos éxito intentando ser algo diferente de lo que somos.

lunes 14 de marzo de 2011

No todo vale

Sigo impactada, desde ayer que no pienso más que en Sharon Tate.


Imaginaos que estáis leyendo un dominical, lleno de cosas variadas  no demasiado densas. Un poco de moda, algo de actualidad, curiosidades sobre cuadros radiografiados, chorradas sobre el polvo, y de repente la foto en color del cuerpo sin vida de Sharon Tate.

El artículo versaba sobre el libro que han publicado con las impresiones del médico forense que tuvo que investigar la muerte de algunas celebridades, entre las que estaba Sharon. Ya simplemente las partes del libro en que se describe lo que el doctor encontró al llegar ponen los pelos de punta, pero la foto... no sé qué habrán sentido las mujeres embarazadas de ocho meses que la hayan visto. Yo me acordé de todas las que conozco y se me encogió el alma.

No sé qué me pareció más monstuoso, si la propia imagen que realmente te da ganas de llorar y gritar al mismo tiempo, o ver su desnudez, su muerte y la de su hijo puestos en el domincal de un periódico como una mercancía a mostrar como reclamo.


Os aseguro que sentí tanta rabia contra la lerda que lo publicó que si en ese momento hubiera tenido la oportunidad, le quito hasta la carrera de periodismo ¡Zas! A tomar por el culo, no te mereces escribir para otras personas.


¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo es posible que alguien se plantee siquiera publicar la foto de una persona muerta? Quizá nos estamos acorchando o, parafraseando al gran Antonio Carreira, nos estamos "agusanando", eso nos decía. Carreira decía que estábamos volviéndonos como los gusanos: sin orejas, porque para lo que hay que oir..., sin ojos, porque para lo que hay que ver... Y eso hace casi treinta años, que aún teníamos pudor ante las desgracias. Luego todo empezó poco a poco a ir a más, a peor. Al principio recuerdo que avisaban "Advertimos que las imágenes que verán a continuación podrían herir su sensibildad..." Ahora ni avisan, sin más te muestran una pila de cadáveres sobre un carro de bueyes en Irak mientras el periodista nos da la noticia del atentado, tan parecido a todos los curridos desde hace tantos años; o mientras te explican lo torrencial de una crecida del río ves cómo el señor de turno que pide ayuda atrapado en su coche es arrastrado y tragado por la corriente, o cómo un grupo de energúmenos abate a tiros a una osa que había entrado en una población en busca de comida.


Pero me niego a no sentir. Exijo que la muerte de cualquier ser vivo siga siendo una tragedia, tanto si es el Papa como si es un pino mediterráneo. No quiero ver esas imágenes en los telediarios, no quiero que sea cotidiano, habitual y ordinario, porque eso hará que en breve me de igual y que me vuelva indiferente.


Nada es más cruel que la indiferencia


 

domingo 9 de enero de 2011

Wikileaks


De un tiempo a esta parte he venido echando de menos aquella época de la guerra fría en que los secretos lo eran, porque últimamente no hago más que oír, incluso antes del Assange, una increíble variedad de detalles acerca de asuntos de alto secreto y, la verdad, me resulta chocante. Es como el chiste ese en que un adivino pregunta quién está llamado a la puerta, “pues vaya mierda de adivino”... Pues vaya mierda de secretos, que hasta salen en los telediarios.

Me cuesta decidirme si debe haber secretos o no, y también me cuesta decidir si es seguro o recomendable sacarlos a la luz sin más. A veces pienso que nosotros, esa masa bruta que formamos la opinión pública, somos como una fuerza de la naturaleza, no siempre buena, no siempre justa, y que dejar determinados detalles ante nuestros ojos podría causar más problemas que beneficios. Recordad que, por poner un ejemplo, cuando sale en las noticias que alguien ha sido acusado de algo, directamente lo consideramos culpable. Pues imaginemos lo que puede ser con algo a gran escala, en manos de la masa embrutecida en la que nos convertimos en cuanto somos más de 10. Me temo que es un asunto que aún tendré que meditar mucho, porque ni me gustan los secretos ni le tengo fe a la opinión pública. Mala combinación.

Pero lo que sí tengo claro desde un principio es qué me parece la que se ha montado alrededor de este tema, la persecución salvaje, las acusaciones al límite, el cierre de cuentas bancarias, de medios de pago como paypal… Eso me ha llegado al alma.

Seguramente muchos recordaréis que cuando hablo de Suiza se me hinchan las venas del cuello porque recuerdo de lo que viven: de ser uno de los paraísos fiscales. Y en un paraíso fiscal, además de la fortuna de personas que habrán amasado su dinero de forma lícita, está todo el dinero de los capos de la mafia, de los más grandes vendedores de armas y drogas, de los extremistas islamistas, y toda clase de seres despreciables que caminan por el mundo. Desprecio la ganancia conseguida por custodiar ese dinero porque cada billete tiene una historia trágica de represión, abuso o muerte.

Pero ningún gobierno pide que se les cierren esas cuentas, nadie prohíbe que se ganen millones con su dinero, a nadie le molestan los muertos que habrán quedado por el camino hasta llegar esos billetes hasta Suiza. Eso sí, que un fulano guarde ahí su dinero para poder seguir publicando información mal guardada (me niego a llamarlo secretos), eso es imperdonable hombre, hay que meter a este tipo en la cárcel como sea, acusándolo de lo que haga falta.

¿Dónde está la cordura? ¿Por qué no veo detenciones en masa de curas que se han pasado décadas abusando de críos? ¿Por qué ni una noticia de las muertes casi a diario producidas por la Camorra? ¿Por qué pueden morir decenas de personas cada día en México sin haber una guerra? ¿Por qué puede morir un niño africano de hambre cada pocos minutos y nadie les quita a sus dirigentes los millones que tienen guardaditos en Suiza?

Y esto ya no es una injusticia, esto es una tomadura de pelo. Montar la de Dios porque un tío descubre los trapos sucios de cuatro politicuchos que nadie recordará dentro de 20 años, de sus intrigas rancias, de sus trapicheos de tres al cuarto. En realidad no se están revelando secretos de Estado, sino lo malos políticos y personas son los monos que dirigen este cachito de mundo, y que sólo parecen más listos porque sus triquiñuelas estaban bien guardadas. Pues bien, hay un nuevo Sheriff en la ciudad, y en adelante habrá que cambiar el lenguaje: negociación en lugar de trapicheo; diplomacia en vez de intriga, y asumir responsabilidades en vez de esconder la metedura de pata debajo de la alfombra.

sábado 8 de enero de 2011

Fumar es un placer...



O eso cantaba Sara Montiel. Ahora se ha convertido en la espina dorsal de la existencia de algunas personas, llegando al punto de enfrentarse a multas millonarias por defender lo que algunos insisten en llamar costumbre.

Yo creía que a estas alturas ya sabíamos todos la diferencia entre una costumbre y una adicción; también creía que estábamos de acuerdo en que el tabaco es cancerígeno y que es mejor no empezar que tirarte media vida intentando dejarlo. Pero no, acabo de cerciorarme de que hay gente que estos días se ha tomado el tabaco como uno de esos derechos constitucionales que nadie reclama ¿Alguien ha sido convocado a una protesta para exigir vivienda, trabajo o sanidad dignas? Pero sí he visto manifestaciones exigiendo el derecho a hacer botellón o para que los homosexuales no tengan derecho a ser considerados familias.

Todo es cuestión de educación, de buena educación. ¿Qué son más los fumadores que los demás adictos? ¿Acaso nos agradaría que nuestros hijos vieran a alguien poniéndose una raya o un pinchazo de heroína? No, no, no se me escandalice nadie, que al fin y al cabo ellos no me pasan a mi parte de su veneno en forma de humo. Si la adicción a la cocaína no la admitimos por destructiva, por mal ejemplo, ¿Por qué tenemos que aceptar compartir el humo de otro adicto? ¿Por qué su comportamiento ha de verse como algo cotidiano y normal por los críos? ¿Es que alguno de esos fumadores que han llegado a agredir a otros por defender su derecho a fumar en lugares cerrados, sería capaz de animar a sus propios hijos a empezar con el cigarrillo? ¿Lo haría? ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que esta agresividad sólo se produce al intentar enfrentar una adicción?

Seamos sensatos y no saquemos las cosas de quicio: Fumar, alcoholizarse o cualquier actitud que no traiga absolutamente ningún beneficio para nuestro cuerpo, y sí unas cuantas pedradas a nuestro cerebro, son comportamientos que debemos hacer lo más en privado posible (por mí, cada uno que haga lo que quiera en su casa) para que, por una parte, otros no conozcan ni usen nuestra debilidad (cualquier adicción nos pone en manos de los demás) y, por otra, no demos la oportunidad de que los más jóvenes imiten una actitud indeseable.

viernes 31 de diciembre de 2010

Tiempo de dar


Es Navidad, una época especial que nos da oportunidades especiales. Cualquiera que me conozca sabe que no soy creyente, lo especial de estos días para mí no tiene nada que ver con religión alguna. A estas alturas, la Navidad se ha convertido en un derecho de todos, en una ilusión compartida por quien quiera, independientemente de las creencias de cada uno. En mi caso representa esa oportunidad de cambiar, de aprovechar el ambiente festivo, pero ¿aprovechar para qué?

Podemos aprovechar para comprobar cuánto mejor se siente uno si se esfuerza por ser positivo, por estar de buen humor, por dejar de mirarse el ombligo y hacer algo por otro, por compartir un poco… Imaginaos lo que podría ser nuestra vida si, pasada la Navidad, mantuviéramos actitudes típicas de estas fechas, si tuviéramos más paciencia, si enviáramos sms’s cariñosos y llenos de buenos deseos  a nuestros seres queridos porque sí. Estaría genial.

Aunque esa es sólo mi visión de la Navidad. Hay otra.

Veo personas impacientes y maleducadas pisoteando a quien haga falta por conseguir el juguete que prometió; veo comerciantes usureros que hacen el agosto en pleno diciembre; veo personas llenando centros comerciales a las 11 de la noche en la Noche de Reyes…

No podemos cambiar el mundo, pero podemos cambiar el nuestro, ese palmo cuadrado que nos rodea y en el que pueden influir nuestros principios y creencias.

Las tiendas y centros comerciales están abiertos hasta muy tarde cada día y todos los domingos en estas fechas. Honestamente creo que no es necesario tener gente trabajando la Noche de Reyes, me parece egoísta. Quizá podrían cambiar el horario de esos trabajadores si no tuvieran las ventas esperadas ¿verdad?

Pasa cualquier desgracia en el otro lado del planeta, y nos secamos el bolsillo con tal de mandar lo que sea para ayudar. Eso es algo admirable, pero no hay que irse a otro continente, país o ciudad para ser un poco más solidario cada día. A veces basta con mirar al vecino, al chico que vende pañuelos en el semáforo, a esa compañera tan callada. A ver si va a tener que venir una ONG de Canadá a ayudarlos a ellos.

Mi deseo para el 2011 es que no se acabe el tiempo de dar, mi Navidad, que no intentemos siempre arreglarlo todo con dinero, que a veces basta una llamada, ayudar a tu vecina a subir las bolsas de la compra, escuchar a un desconocido en el parque, decirle a tu hermano cómo ha mejorado tu vida, o adoptar un cachorro sin pedigrí.

¡Feliz 2011!



martes 14 de diciembre de 2010

Adiós

Ayer murió Benito. Sé que todos lo esperábamos desde que lo vimos por la oficina con 30 kilos menos, pero aún así te araña por dentro, no estamos diseñados para asumir algo tan absoluto. El día fue raro en general, me enteré de otras desgracias similares y parecía que hubiera una conjunción planetaria pensada para ponernos a todos de rodillas a rezar.

Me puse a pensar en él, en los pocos momentos que habíamos compartido y en cómo se le toma cariño a alguien tan rápidamente. Recordé cómo le regañaba cuando después de los partidos de pádel se quedaba a la puerta de la oficina a fumar, “Benito, que luego no me rindes en la pista, hombre”. Siempre se reía y me hacía algún comentario gracioso, me parecía una buena persona.

Pero la vida se abre camino y no te deja detenerte mucho en la muerte, es inevitable, ya he vuelto a oír risas en la cocina a la hora del café, nos han regalado una flor de Pascua a las chicas de la oficina y ya tenemos la cesta de Navidad.

Es como tiene que ser.

domingo 10 de octubre de 2010

Peta-Zeta


El otoño siempre me pilla a contrapié. Me paso medio mes de septiembre mentalizándome para la desaparición de los colores, del sol, de los olores de la brisa veraniega, y da igual que tome complejos vitamínicos, todo parece uniforme y sin personalidad, y no hay nada que me libre de la tristeza.

Y encima llega la lluvia, gris, opresiva e incómoda. La lluvia en la ciudad sólo es soportable si viene en tormentas, de esas con rayos y truenos, esas que las sientes retumbar en el estómago y te hacen sentir pequeñita. Cuando la lluvia es muy fuerte me siento bien, suena de una manera especial si salgo a la terraza, y disfruto de un concierto de percusión en la claraboya de la escalera, me puedo tirar las horas viendo llover así, es algo hipnótico.

Pero aún así es triste. Y lo será aún más en noviembre, cuando ya no haya hojas en los árboles, ni flores, ni color, ni calor; cuando todo parece aséptico, escuálido y neutro. Prefiero mil veces un invierno sin piedad que un otoño sin pasión.

Es la época en la que más vivo en el futuro, siempre animándome a esforzarme con la esperanza de que veré los frutos en la primavera. Transición, eso es lo que significa para mí, nunca espero ningún acontecimiento especial, no muestro interés por ninguna fecha, y eso que las hay y muy importantes. Es una actitud absolutamente borde y totalmente involuntaria la que me lleva a sentir ese vacío sin esperanza en otoño. Es tan absoluto como la alegría que me llena el cuerpo en verano, sin puntos medios.

Afortunadamente, el recuerdo de otros muchos otoños e inviernos me ha enseñado a esperar, a saber que esto pasará, que la vida vuelve, que la tierra renace y que yo volveré a sentir petas-zetas en el pecho a principios de junio.

miércoles 30 de junio de 2010

La Roja


A los que me conozcan les extrañará que escriba de futbol, pero sí, es La Roja de la que van hoy estas pocas letras. El futbol es un deporte precioso, no soy una experta pero conozco lo suficiente para poder disfrutar de los partidos. Aún así estoy siguiendo el mundial casi por casualidad, no termino de encontrar la fe en el equipo que tanta gente parece tener. Aparte de la calidad de juego, que no pienso comentar por mis carencias técnicas, necesito felicitar a la Selección por unos cuantos milagros que han obrado:

Ahora los españoles estamos de acuerdo en algo. Parece increíble pero sí, una mayoría compartimos una ilusión y un deseo comunes, cada cierto número de días y durante 105 minutos exactamente, no nos llevamos la contraria.
Ahora los españoles somos puntuales. En toda mi vida he visto tantos miles de personas firmes ante una pantalla en el minuto exacto de comienzo de cada partido. Vamos, que me río de los británicos, los alemanes o los marines norteamericanos.

Ahora los españoles somos positivos. Hay que reconocer que en la mayoría de las ocasiones, los españoles tenemos un sentimiento derrotista en muchas de las cosas del día a día, que nos lleva a tener una facilidad muy desarrollada para conformarnos con casi cualquier desgracia, por incomprensible que parezca: un gobierno incapaz, un paro inhumano, reducciones salariales aleatorias, huelgas que no respetan las reglas… Da igual lo que nos hagan, protestamos un poco pero una vez descargado el primer cabreo surge la frase de “qué se le va a hacer”. Eso cambia durante los partidos, España entera piensa que incluso podemos ganar la Copa del Mundo, y eso es sin duda como tener ganado el cincuenta por ciento del campeonato.

Pero ha habido algo que me ha sorprendido aún más: Ahora los españoles podemos lucir nuestra bandera sin que nos llamen fachas. Os parecerá una bobada, pero a mí siempre me han llevado los demonios cuando veía a la gente luciendo tan orgullosos la bandera de Brasil, la de Reino Unido o la de Estados Unidos, como si les debiéramos algo. Zapatillas, camisetas y hasta corbatas con mil banderas de cualquier sitio menos de aquí. En cambio si lucías la bandera de tu país, esa que te pone los pelillos de punta cuando estás fuera de aquí, eras un facha.

Ya sé que antes te obligaban a poner la bandera española en la terraza durante las fiestas nacionales para honrar al caudillo, pero ahora no, y por eso ahora es cuando me gusta verla. Quizá la gente que te llama facha cuando te ve con la bandera no han sabido seguir adelante, tienen miedo y siguen viendo en la bandera algo negativo; para otros la bandera es un trozo de tela de colores, y lo respeto, y si para mí es otra cosa, es mi problema y también merezco un respeto. No os preocupéis que a los fachas se los distingue hasta sin ropa.

Tengo una camiseta roja con la bandera de España en la mitad del pecho. Y me encanta mi camiseta.

sábado 27 de febrero de 2010

Éxito


Siempre he pensado que lo más difícil en la vida era encajar los fracasos, vivir deseando, lamentando, sobreviviendo. Pero ahora lo veo de otro modo. Da la impresión de que estuviéramos programados para el anhelo, para desear sin descanso. Toda la vida luchando por ese coche más grande, la casa con más espacio o con jardín, una subidita más de salario porque lo necesitamos… En realidad, si hubiéramos hecho una lista de las cosas que creíamos indispensables para nuestra felicidad hace 20 años, seguramente no aparecerían muchas de las cosas imprescindibles hoy.

Y luego ocurre que cuando conseguimos algo que hemos deseado con mucha intensidad o durante mucho tiempo, su consecución, más que alegría, nos deja un inexplicable agujero en la mitad del alma. De repente tenemos un montón de energía, la que generábamos para perseguir nuestro deseo, sin un objetivo, sin trabajo que hacer: en el paro.

Encajar el éxito es muy difícil. Es como la amistad, todo el mundo tendrá un poco de lástima para ti si las cosas te van mal, pero sólo los amigos sabrán acompañarte en tu éxito. Todo parece al revés ¿verdad?

Pero no, todo está perfecto así.

¿Qué pasaría si llegar fuera el final del camino? Imaginaos, vegetaríamos felices tras cualquiera de los éxitos de nuestra vida: aprender a montar en bici, entrar en el equipo de natación, dormir sin luz… Nadie habría llegado a tener una medalla olímpica, no habríamos construido satélites, ni pintado la Capilla Sixtina, no sabríamos meditar, ni el nombre de las estrellas.

Cada éxito es sólo un escalón más. Quizá si lo vemos así, disfrutaremos más persiguiendo cosas que deseamos, y nos angustiaremos menos cuando las tengamos.