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sábado, 27 de febrero de 2010

Éxito


Siempre he pensado que lo más difícil en la vida era encajar los fracasos, vivir deseando, lamentando, sobreviviendo. Pero ahora lo veo de otro modo. Da la impresión de que estuviéramos programados para el anhelo, para desear sin descanso. Toda la vida luchando por ese coche más grande, la casa con más espacio o con jardín, una subidita más de salario porque lo necesitamos… En realidad, si hubiéramos hecho una lista de las cosas que creíamos indispensables para nuestra felicidad hace 20 años, seguramente no aparecerían muchas de las cosas imprescindibles hoy.

Y luego ocurre que cuando conseguimos algo que hemos deseado con mucha intensidad o durante mucho tiempo, su consecución, más que alegría, nos deja un inexplicable agujero en la mitad del alma. De repente tenemos un montón de energía, la que generábamos para perseguir nuestro deseo, sin un objetivo, sin trabajo que hacer: en el paro.

Encajar el éxito es muy difícil. Es como la amistad, todo el mundo tendrá un poco de lástima para ti si las cosas te van mal, pero sólo los amigos sabrán acompañarte en tu éxito. Todo parece al revés ¿verdad?

Pero no, todo está perfecto así.

¿Qué pasaría si llegar fuera el final del camino? Imaginaos, vegetaríamos felices tras cualquiera de los éxitos de nuestra vida: aprender a montar en bici, entrar en el equipo de natación, dormir sin luz… Nadie habría llegado a tener una medalla olímpica, no habríamos construido satélites, ni pintado la Capilla Sixtina, no sabríamos meditar, ni el nombre de las estrellas.

Cada éxito es sólo un escalón más. Quizá si lo vemos así, disfrutaremos más persiguiendo cosas que deseamos, y nos angustiaremos menos cuando las tengamos.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Conocimiento desconocido


A veces pasa que uno tiene la sensación de que está flotando una idea en el aire, algo que parece que sabes pero que no puedes explicar porque te faltan piezas. Así llevo yo bastante tiempo, recogiendo información, comparando procesos y hablando con la gente que me rodea, a ver si alguien ha escondido esas piezas que me faltan.

La idea que me viene rondando la cabeza es: ¿Realmente necesitamos aprender todo lo que nos enseñan? ¿Acaso no hay muchas cosas que ya sabemos?

Me ayudaré de algunos ejemplos para explicarme mejor. Estás al borde de un estanque, el agua está tranquila, lisa como un espejo, es inevitable buscar una piedra para hacer una rana, no creo que haya quien se reprima. Primero buscas con los ojos la piedra adecuada, que tenga una forma chata, redondeada, ni grande ni pequeña. Cuando encuentras una candidata la sopesas en la mano, recorres su contorno con los dedos y finalmente te preparas para el lanzamiento; calculas la inclinación de tu cuerpo, del brazo, la orientación de la mano, la fuerza… En el simple hecho de lanzar una piedra a un estanque, tu cerebro ha hecho más de una docena de cálculos de geometría, vectores o trigonometría: Nuestro cerebro sabe perfectamente todas esas fórmulas y las aplica con éxito, pese a que la mayoría seríamos incapaces de trasladarlas a un papel. Eso pasa con todos esos cálculos que llamamos “a ojo”.

Otro ejemplo. Conocemos a alguien, y en pocos segundos nos parece atractivo, ¿por qué? Se ha descubierto recientemente que, sin saberlo, hemos observado si su piel es lisa y sin manchas, si tiene el pelo fuerte y abundante, los dientes blancos y los labios sonrosados, si sus facciones son simétricas: Nuestro cerebro nos está diciendo que esa persona está sana y por eso nos gusta. Entonces eso significa nuestro cerebro tiene conocimientos médicos básicos ¿no?

Y como estos ejemplos otros muchos: Sabemos, la mayor parte de las veces, si alguien nos miente, si está contento o deprimido, si le caemos bien o no. E incluso llego más lejos, ¿No es cierto que también nos comunicamos con una mirada, con un apretón de manos, con una caricia? Y qué decir de los presentimientos y las corazonadas, esos destellos de lucidez sin motivo aparente, que aciertan en nuestras decisiones más que cuando insistimos en razonar. Ya el colmo son los casos de curación espontánea, que ciertamente no son muchos, pero sí están perfectamente documentados por gente aún más descreída que yo.

Entonces, ¿Por qué tenemos que estudiar matemáticas, física o psicología? ¿No deberíamos “recordar” ya que tenemos esos conocimientos? ¿Y por qué hablamos de la telepatía como algo no probado? Nuestro cerebro tiene mucha información, alguna nos viene de antiguo, otra la recoge sin que nos demos cuenta, pero el hecho es que se pasa el tiempo calculando, almacenando e imaginando.

Creo que hay que cruzar la siguiente frontera, construir un puente hacia nuestro cerebro y poder acceder a todas esas cosas que sabemos, a todas las habilidades que poseemos, tan sólo recordando, dejándolas salir, sin tener que reaprender, reinventar o redescubrir. Me da la impresión de que eso es lo que hacen algunos matemáticos, psicólogos o los primeros curanderos: alcanzaron un conocimiento que está encerrado en nuestras cabezas, y le dieron una forma lógica en un teorema, fórmula o enunciado. Son descubridores de lo conocido, exploradores de lo desconocido.

Hace aproximadamente un año y medio alguien me preguntó: ¿Qué harías si tuvieras mucho dinero, la vida resuelta? Y yo respondí: Viajaría y conocería el mundo entero, a lo que me replicó ¿No te gustaría viajar dentro de ti? No supe qué responder, aún no había vislumbrado todo lo que hay por descubrir dentro de cada uno, pensé que ¿cómo no iba a conocer mi cabeza, si la llevo todo el día sobre los hombros?

Así son las cosas, a veces los árboles no nos dejan ver el bosque.

miércoles, 29 de octubre de 2008

El secreto


Recientemente he visto la película documental El Secreto, que está revolucionando a un montón de gente.

Como yo soy una descreída sin remedio, empecé a verla con la desconfianza propia del que ha sido engañado muchas veces, no sabía qué me querían vender y estaba inquieta. Veía a un montón de personas hablando de un poder mágico que todos tenemos, y al que podemos acudir para pedir cualquier cosa que deseemos. Lo primero que pensé fue “menuda panda de chalados”. Pero continué viéndolo porque no me parecía que esas personas ganaran nada engañándome: no me pedían dinero, ni votos, ni obediencia… Simplemente estaban compartiendo conmigo el truco que han encontrado para ser más felices.

Lo que te cuentan es algo que ya sospechas, o vienes oyendo de personas distintas, amigos, psicólogos, filósofos, pero que nunca has sabido concretar. Todos hemos oído hablar del poder del pensamiento positivo, cómo ayuda a la curación de algunas dolencias, de cómo incluso se hacen tratamientos de “risa” para enfermos de cáncer… Y también hemos oído cómo un carácter amargado termina generando úlceras en el estómago. Todo eso son algunos flecos del tapiz completo que te muestran en el documental.

Si los testimonios son reales o no, me da igual, lo que me parece realmente importante, es darme cuenta de que vivir en positivo es lo único que merece la pena, tanto si con eso consigues tus deseos como si no. Lo que sí que está claro es que vivir encabronado no te va a traer nada bueno, así que ¿qué pierdes por ser positivo? ¿Qué pierdes por aspirar a conseguir tus deseos? ¿Qué pierdes agradeciendo todo lo bueno que te da la vida?

Siempre he pensado que lo peor del mundo es vivir con miedo, tanto mejor es deshacerte de él y, si vienen mal dadas, ya buscarás una solución. Desde luego el miedo no te va a evitar ninguna desgracia, y pese a que el optimismo seguramente tampoco (¿o si?), al menos hasta que llegue esa desgracia has vivido mejor ¿no?

Oye, y como dice nuestro refranero “¿Qué me quiten lo bailao?”

Por si tenéis curiosidad http://es.wikipedia.org/wiki/El_Secreto

miércoles, 4 de julio de 2007

Gris


Hay días en que la comida no tiene apenas sabor, los colores se distinguen a duras penas y tanto las buenas como las malas noticias tienen todas la misma importancia: ninguna.

Normalmente hay algún desencadenante de esa forma de sentir, pero no siempre. Hay veces que, simplemente, amaneces así. Y te vistes como siempre, pero sin ganas, y te maquillas pero no lo parece, y todo el mundo te pregunta qué te pasa, pese a que crees estar poniendo cara de “no me pasa nada”.

Los días así son como las visitas pesadas, sabes que se terminará marchando, pero no sabes cuándo ni cómo echarla educadamente. Son un rollo porque no hay nada más triste que hacer cualquier cosa sin ganas, y esos días lo haces todo así, porque sí. La gente que te quiere se deja la piel intentando animarte, y no sirve de nada explicarles que no se puede más que esperar a que pase, porque ellos siguen esforzándose y tú sufriendo. Al final no te queda otra que fingir que lo han conseguido para poder estar con tu pena gris hasta que ella quiera irse.

Hay días sin pasión, sin alegrías ni disgustos. Son días perdidos.

lunes, 6 de febrero de 2006

Más montaña rusa


Qué época más rara que estoy viviendo, tengo ratos de angustia extrema mezclados con momentos de alegría y carcajadas hasta las lágrimas y el dolor de estómago.

Ya había trabajado en empresas dirigidas por locos, pero los de aquí se llevan la palma, jamás había llegado a sentirme perseguida como aquí. Y encima tampoco es así de claro porque ves que no es sólo contigo, sino con cada bicho viviente que hay en la oficina, hay para todos. ¿Y por qué no he pegado un portazo ni he salido corriendo? Porque me lo paso con mis compañeras como nunca. Tenemos una unión y una complicidad únicas, por eso nos machacan tanto los jefes, tienen una envidia que no pueden aguantar. Lástima que parezca que una cosa va unida a la otra. Cuando me vaya, lo voy a pasar mal sin Mercedes ni Marta, las voy a echar mucho de menos.

También he vuelto a viajar en Metro, es más pesado pero tiene sus ventajas: puedo leer o dormir por el camino, puedo ir despreocupada porque ya no conduzco, y lo mejor de todo, veo unos amaceres realmente increibles.

Sé que esta situación me está desequilibrando mucho, sólo espero que dure poco, porque me he dado cuenta de que soy realmente débil de mente, aguanto la presión de pena y enseguida me angustio. Sólo últimamente estoy siendo capaz de ponerme una pequeña coraza y me libero antes de la angustia. Eso es lo que me ha hecho poder disfrutar este fin de semana en Sevilla, no he pensado en lo que me esperaba el lunes, ni en si alguien me iba a abroncar por algo que no ha ocurrido... lo cotidiano. Me ha gustado ser inteligente este fin de semana.

De todas maneras, y aunque sea capaz de desarrollar algún tipo de defensa, sigue siendo un ambiente muy poco saludable. Si estás todo el día entre enfermos mentales, algo se te pega sin más remedio. Espero que me quede poco por estos barrios.

miércoles, 6 de abril de 2005

La Cobardía


Estoy empachada. Me acabo de dar cuenta de que mi agresividad y hastío de los últimos días se debe a un lleno total de cosas que me desagradan profundamente. También he visto que me pasa cada cierto tiempo, me tiro una temporada tragando cosas que no me gustan y que no me hacen nada feliz, y cuando rebosa ¡plaf! reboso.

Y ¿por qué trago cosas que no me gustan y no me hacen feliz? Supongo que no hay una sola razón para hacer las cosas, a veces se junta un poquito de esto, de lo otro, como en una receta. Podría ser por no estar todo el día peleándome con la gente que me rodea, si a cada uno que te dice una chorrada tuvieras que decirle que no estás de acuerdo y por qué, no haría otra cosa. También es porque mi imagen de persona "agradable" se iría a la mierda, y la verdad es que se vive mucho mejor si los demás piensan que tú no lo haces.

Pero la verdad es que trago por cobardía. Si expresara mis opiniones, si viviera mi vida tal cual la siento, tendría que oir cosas que, muy a mi pesar, me hacen daño. Recuerdo adjetivos como contestataria, rebelde sin causa, protestona, problemática, que si fuera una persona fuerte me los pasaría por el arco del triunfo. Pero no lo soy, no he aprendido aún cómo ignorar determinadas críticas, basadas simplemente en el rechazo irreflexivo de una opinión diferente, más que en un análisis de esa opinión. Así que por ese miedo al rechazo, a la crítica sin piedad que he llegado a recibir, trago. Y he aprendido a otorgar con mi silencio, a pasar por intransigente mientras tolero la presencia a mi lado de gente injusta, etc.

Pues sí, hoy me toca quejarme, porque me da la gana y ya está. Y me quejo de la hipocresía, de la mediocridad, de la falta de modales, de la educación (más bien de su ausencia), del egoísmo, del racismo, del machismo, del feminismo, del individualismo, de la suciedad, del ruido...

Pues ale, ya he tenido mi pataleta, ahora a currar que ya es hora.

lunes, 28 de marzo de 2005

El Silencio


El Silencio, ya sólo con escribirlo me rodea. No sé de dónde me viene el amor por el Silencio, con lo ruidosa y parlanchina que soy. A lo mejor es por eso, porque se busca lo que no se tiene, lo que nos complementa. Últimamente necesito mucho Silencio. Cuando los problemas me superan, Silencio; cuando lo que podría decir es demasiado fuerte o dañino, Silencio; cuando la verdad es demasiado grande, Silencio; si la emoción me embarga, Silencio. Siempre.

Hay gente que usa el Silencio como castigo, a mí me parece algo tan valioso, tan escaso... Ahora lo necesito, y no lo puedo decir, sólo se me nota en que dejo a la gente de lado, no quedo con nadie, no les escribo, sólo Silencio. No somos cada persona un mundo, somos cada uno un universo, con leyes propias, gravedades diferentes, otras dimensiones.

Perdonad mi Silencio.