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sábado, 27 de febrero de 2010

Éxito


Siempre he pensado que lo más difícil en la vida era encajar los fracasos, vivir deseando, lamentando, sobreviviendo. Pero ahora lo veo de otro modo. Da la impresión de que estuviéramos programados para el anhelo, para desear sin descanso. Toda la vida luchando por ese coche más grande, la casa con más espacio o con jardín, una subidita más de salario porque lo necesitamos… En realidad, si hubiéramos hecho una lista de las cosas que creíamos indispensables para nuestra felicidad hace 20 años, seguramente no aparecerían muchas de las cosas imprescindibles hoy.

Y luego ocurre que cuando conseguimos algo que hemos deseado con mucha intensidad o durante mucho tiempo, su consecución, más que alegría, nos deja un inexplicable agujero en la mitad del alma. De repente tenemos un montón de energía, la que generábamos para perseguir nuestro deseo, sin un objetivo, sin trabajo que hacer: en el paro.

Encajar el éxito es muy difícil. Es como la amistad, todo el mundo tendrá un poco de lástima para ti si las cosas te van mal, pero sólo los amigos sabrán acompañarte en tu éxito. Todo parece al revés ¿verdad?

Pero no, todo está perfecto así.

¿Qué pasaría si llegar fuera el final del camino? Imaginaos, vegetaríamos felices tras cualquiera de los éxitos de nuestra vida: aprender a montar en bici, entrar en el equipo de natación, dormir sin luz… Nadie habría llegado a tener una medalla olímpica, no habríamos construido satélites, ni pintado la Capilla Sixtina, no sabríamos meditar, ni el nombre de las estrellas.

Cada éxito es sólo un escalón más. Quizá si lo vemos así, disfrutaremos más persiguiendo cosas que deseamos, y nos angustiaremos menos cuando las tengamos.


miércoles, 22 de julio de 2009

Los cambios


Dijo Heráclito que lo único constante es el cambio, que me parece una verdad absoluta, pero también es cierto que hay cambios, y cambios. El de casa me parece uno de los más grandes.

Cuando cambias de casa, haces limpieza de todo: unas cosas se pierden en la mudanza, otras descubres que ya no te hacen falta, y algunas las quieres descartar de tu nueva vida.

Yo acabo de hacer mudanza, y como me gustan tanto los cambios, estoy disfrutando mucho de cada momento. Me falta el ropero, así que la mitad de mi ropa y zapatos están en maletas y bolsas; me faltan electrodomésticos, sillas, estanterías y cortinas. Da igual, ni lo noto, estoy tan contenta con haber dado un paso hacia delante, que no veo los inconvenientes, sé que los principios siempre son desbaratados. Me siento tan feliz con mi nueva casa, que paladeo cada momento que paso en ella: me gusta el olor a nuevo de la madera, el sonido de la noche cuando me acuesto, el color del amanecer desde mi cama.

Dentro de poco ya no estaré sola. Otro cambio, El Cambio, y lo estoy deseando. Una vez que tengo lo básico, me apetece ir amueblando mi casa y mi vida despacio, disfrutándolo, compartiéndolo, encontrando desencuentros, llenando vacíos. Viviendo.

Aún no tengo organizado nada, ni el espacio, ni mi tiempo, y eso siempre te da la oportunidad de hacer esa limpieza, tirar las costumbres que no te aportan nada, y comenzar con hábitos diferentes, ya que tienes esa excusa perfecta. Volveré a cocinar, a leer, a escuchar mis viejos discos y, quizá en unos meses, un perrillo. Ahora vivo cerca de donde trabajo y tengo tiempo para mí, para mis proyectos, tiempo para quedar con amigos, para hacer ejercicio, tiempo para perderlo si quiero. Y eso para mi es como estar de vacaciones.

De hecho, este año no he pedido días libres para irme de vacaciones, quizá me apetezca más adelante, porque ahora lo único que quiero es irme a casa.

viernes, 20 de marzo de 2009

A mis lectores


Hace casi dos años y medio que vengo dejando trocitos de mi alma en esta página, ya casi ni me acuerdo de lo que me llevó a empezar. La curiosidad, eso fue, saber qué se sentía ante la osadía de escribir a la vista de los demás.
Para mí significaba mucho, un esfuerzo de confianza en mí misma, que desde luego no estaba acostumbrada a hacer; pero salió bien, no todo lo que escribo es bueno, pero sí hay frases bien construidas que me hacen sentir genial.

Y luego empecé a recibir comentarios. Eso sí que fue increíble: alguien había leído lo que yo había escrito, y se estaba tomando la molestia de contestarme. Y me gusta, me da igual si piensa como yo o no, ahí está lo grande, dos personas anónimas que coinciden en un punto concreto, un momento aislado. A lo mejor no tenemos nada más en común, y por eso es tan especial.

Seguramente alguien se habrá preguntado por qué no he contestado a nadie ningún comentario, pues por eso, por no romper ese momento mágico.

Me gusta el anonimato que te da internet, me encanta. Hay mucha gente que cree que te da la posibilidad de esconderte; yo, en cambio, creo que es el marco perfecto para mostrarse, la más amplia expresión de la Libertad. No importa cómo te llamas, si eres de un barrio pijo o de uno marginal; si eres judío o budista; ni siquiera tiene importancia si eres hombre o mujer. En Internet eres las ideas que expresas en tu blog, el mensaje que se lee en el diseño de tu web, o las imágenes que dejas en myspace.

Y cuanto más me sumerjo en esa Libertad, más me impresiona, y quiero que el que entre a leerme, el que gaste unos minutos de su vida en leer algo que yo he escrito, disfrute de esa Libertad, y podrá comprobar que tanto si el comentario es a favor como en contra, jamás he intervenido, lo he aceptado con asombrada gratitud. Me gusta que sea así, yo escribo lo que siento, y el resto también.

Pero aún así siempre me he sentido algo culpable por no contestar, por no demostrar de alguna manera, que yo también he leído lo que han escrito, y que además me ha ayudado.

Y eso es lo que quiero decir hoy, que me siento honrada sólo con que leáis lo que escribo, y que agradezco enormemente recibir vuestros comentarios, los tengo todos guardados.

OXOX

martes, 14 de octubre de 2008

Smart


Ya hace tres semanas que tengo mi cochecillo nuevo, la bolilla, y estoy contentísima. Es una máquina amable, me costó habituarme tan sólo unos minutos y no tengo que esforzarme por nada, todo es fácil y cómodo.

Aún recuerdo lo que sentí cuando vi el primer Smart, anuncié en mi oficina que había visto un coche al que le faltaba la mitad de atrás, y no me pareció bonito. Después fui leyendo sobre él en revistas y me asombró lo bien pensado que estaba, lo seguro que era, pero nunca pensé en que pudiera ser un coche para mí, di por sentado que sería carísimo y que no pasaría de 50 Km/h. Yo soñaba con volver a tener un VW Golf.

Pero el tiempo pasa, tus gustos van cambiando, y de repente un día me di cuenta de que me miraba más los Audi A4 que los Golf: Me había vuelto una traidora. A partir de ese momento cualquier coche podía ser el futuro candidato. El momento del cambio llegó, miré qué coches me gustaban, cuáles me convenían, y cuáles me podía permitir. Y entre los finalistas estaba mi Smart, pequeño y revolucionario.

No tuve muchos apoyos en mi decisión, afortunadamente tuve los importantes, los que esperaba, y aunque al principio no entendía muy bien las opiniones negativas sobre un bi-plaza (no tengo hijos, no tengo perro, no viajo en coche…), luego he visto que en general, la gente tiene miedo de lo diferente, y no se dan ni cuenta. Pero claro, si optas por algo distinto, tienes que ser valiente ante las críticas.

Sigue sin parecerme una línea bonita, es como cuando conoces a alguien muy carismático, que no te importa mucho el aspecto que tenga, sino cómo te hace sentir cuando estás cerca. Pues eso mismo me pasa cuando voy en la bolilla, que me siento especial.

Ahora sólo tengo que creerme que sí, que es mío, porque aún me parece mentira.