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miércoles, 22 de julio de 2009

Los cambios


Dijo Heráclito que lo único constante es el cambio, que me parece una verdad absoluta, pero también es cierto que hay cambios, y cambios. El de casa me parece uno de los más grandes.

Cuando cambias de casa, haces limpieza de todo: unas cosas se pierden en la mudanza, otras descubres que ya no te hacen falta, y algunas las quieres descartar de tu nueva vida.

Yo acabo de hacer mudanza, y como me gustan tanto los cambios, estoy disfrutando mucho de cada momento. Me falta el ropero, así que la mitad de mi ropa y zapatos están en maletas y bolsas; me faltan electrodomésticos, sillas, estanterías y cortinas. Da igual, ni lo noto, estoy tan contenta con haber dado un paso hacia delante, que no veo los inconvenientes, sé que los principios siempre son desbaratados. Me siento tan feliz con mi nueva casa, que paladeo cada momento que paso en ella: me gusta el olor a nuevo de la madera, el sonido de la noche cuando me acuesto, el color del amanecer desde mi cama.

Dentro de poco ya no estaré sola. Otro cambio, El Cambio, y lo estoy deseando. Una vez que tengo lo básico, me apetece ir amueblando mi casa y mi vida despacio, disfrutándolo, compartiéndolo, encontrando desencuentros, llenando vacíos. Viviendo.

Aún no tengo organizado nada, ni el espacio, ni mi tiempo, y eso siempre te da la oportunidad de hacer esa limpieza, tirar las costumbres que no te aportan nada, y comenzar con hábitos diferentes, ya que tienes esa excusa perfecta. Volveré a cocinar, a leer, a escuchar mis viejos discos y, quizá en unos meses, un perrillo. Ahora vivo cerca de donde trabajo y tengo tiempo para mí, para mis proyectos, tiempo para quedar con amigos, para hacer ejercicio, tiempo para perderlo si quiero. Y eso para mi es como estar de vacaciones.

De hecho, este año no he pedido días libres para irme de vacaciones, quizá me apetezca más adelante, porque ahora lo único que quiero es irme a casa.

sábado, 21 de marzo de 2009

Cambio climático


El gran tema, parece que repentinamente se ha convertido en el eje de nuestras vidas, todo se hace para evitar o paliar el cambio climático: la elección de nuestro coche, la compra de nuestros electrodomésticos, la procedencia de nuestra comida, lo que imprimimos, con qué lo imprimimos…
Es normal, cuando algo tan grande es de conocimiento general, todo el que lo sabe, es decir, todo el planeta va a opinar sobre ello y tomar las medidas que crean necesarias. Y así es cómo se monta la que tenemos liada ahora, que hay un abanico enorme de personajes que van desde la prudencia de los científicos a los delirios de los apocalípticos, pasando por los que se aprovechan de lo que sea para generar negocio a su alrededor. Todo este ruido hace que distinguir la verdad de la fantasía sea una tarea realmente difícil.
A estas alturas, ya tengo algunas ideas medianamente claras, como que el cambio climático existe, que es algo cíclico, y que aún no se han puesto de acuerdo acerca de si es o no culpa de la humanidad. Mi humilde opinión es que es algo cíclico que hubiera ocurrido sin nuestra presencia, pero que lo que hemos hecho es acelerarla.
Realmente no es tan importante si tenemos o no la culpa, lo que sí importa es que, gracias a la alarma por este cambio, hemos llegado a saber lo destructiva que es nuestra forma de aprovechar los recursos naturales. Y ahí es donde tenemos que poner el empeño. Y quizá el cambio climático sólo es una excusa, una perfecta para hacernos ver que es necesario hacer las cosas de otra forma, para que dejemos de secar aquello que tocamos. Daré por bien invertido el dinero que se lleven los oportunistas, si se consigue que aprendamos.
Por eso no entiendo que alguien tenga el valor de hacer campaña en contra del cambio climático. Pero lo hay.
Creo que si no nos hemos cargado el planeta, vamos camino de hacerlo, y pese a que nuestra generación no tendrá que padecer las consecuencias si lo hacemos, merece la pena intentar cambiar nuestra forma de habitarlo.