jueves, 29 de junio de 2006

La paz y mi abuelo

Parece que la paz en España está cerca, por lo menos más cerca de lo que ha estado nunca, y eso me llena de esperanza. Siempre me ha parecido que hasta que no nos quitáramos esta lacra, no tendríamos ninguna oportunidad de crecer y codearnos con países civilizados, de quitarnos ese complejo nacional que tenemos desde que perdimos todas las colonias de por ahí.

Ahora tenemos una oportunidad, podemos demostrarnos que somos capaces de resolver nuestros problemas, que sabemos ceder y hablar. Se acabaron las guerras para solucionar nuestras diferencias, ya no hay dictador ni motivo para más violencia.

Y justo cuando parece que podemos despertar de la pesadilla, salen los afectados de las víctimas de los terroristas a decir que no, que no hay que hablar. ¿Por qué no? Personalmente creo que todo esfuerzo es poco si con él deja de haber muertos, huérfanos, viudas, miedo... No me imagino mi vida después de haber desterrado el miedo a decir lo que quieras en cualquier sitio, sin que alguien de tu familia te diga bajito "calla, que este de aquí al lado es de tal y verás..."

Yo entiendo que los que no hemos sido víctimas de un ataque terrorista, ni hemos perdido a ningún familiar por culpa de esa gentuza, no podemos saber la rabia e impotencia que se puede sentir. Pero he vivido con personas que saben lo que es.

Mi abuelo vivió y perdió una guerra. No tuvo la oportunidad de educar a sus hijas en libertad, no pudo hablar libremente en su casa por miedo a los vecinos chivatos, pasó por la cárcel con el miedo diario a la muerte. Fueron 39 largos años agachando la cabeza y tragando cada día las imposiciones de los que ostentaban el poder. Pues ese hombre, mi abuelo, perdonó en el año 75 para que todos los demás, los que no sabíamos lo que era la opresión, no tuviéramos que aprenderlo. Mi amigo Julio me hizo ver esto, ¿qué son más las víctimas del terrorismo, que Regino del Moral, mi abuelo? Yo creo que no tienen más dolor que el que él acumuló en casi cuarenta años, no han perdido más familia de la que perdió él, ni han tenido menos vida propia de la que él pudo disfrutar.

Ah, por cierto, jamás se vendió a ningún partido.

1 comentario:

Khalita dijo...

Pienso en todas esas personas que han perdido seres queridos y no lo entiendo... Está claro que les pueden el rencor y el dolor, pero aún así... ¿Es que no quieren la paz? ¿No preferirían que el resto de la gente dejase de tener miedo?

Quizá no haya sido la mejor forma de llevar adelante el proceso de "paz", pero ¿y qué? Para otras cosas no importa más que el resultado, ahora para esto sí... No es más que puro politiqueo barato. Qué asco da...

En cuanto a tu abuelo, mi padre es huérfano de la guerra civil. Mi abuelo murió fusilado junto a su sobrino contra la tapia de un cementerio. Mi abuela murió encerrada y mi padre y mis tíos vivieron la posguerra en un horfanato que no dejaba mucho que envidiar a Paracuellos del Jarama. Para escapar de aquello, uno tuvo la suerte de ser acogido por parte de la familia, mi tía tuvo que hacerse monja y mi padre militar... Parece contradictorio, pero tampoco ellos guardan rencor a pesar de lo sufrido...